El humo puede lastimar los ojos, irritar el aparato respiratorio y, en determinados casos agravar enfermedades cardíacas y pulmonares crónicas.
Las personas más susceptibles son los adultos mayores, las mujeres embarazadas, los niños y las personas con afecciones respiratorias y cardiacas preexistentes.
Los síntomas asociados al humo son: broncoespasmo, bronquitis, persistencia de tos, dolor de garganta, dificultad para respirar, ardor en los ojos, moqueo, irritación de los senos paranasales, dolor de pecho, dolores de cabeza, ataques de asma, cansancio y latidos cardíacos acelerados.
Las recomendaciones a seguir son:
Limitar al máximo posible la exposición al humo.
No fumar.
Si tiene asma u otra enfermedad pulmonar o cardiovascular, seguir las recomendaciones del médico tratante.