Allí donde el Boulevard Mitre se vuelve tierra, donde se respira humo y pisa barro, existe un Ramallo distinto, donde habita una realidad que no queremos ver.
El Barrio Sur, nace de la necesidad y la angustia. Barrio de todos los males, de la estigmatización y la ausencia. Son solo cuatro manzanas, de las cuales cada realidad es más dolorosa que la anterior. Una constante atraviesa el barrio: la ausencia del estado, la discriminación y la estigmatización. Sobre la base de la necesidad, la postergación hace mella en su esencia.
El trágico fuego lo puso nuevamente en la boca de todos, la tragedia marco esta parte de la ciudad. El Barrio Sur descansa en su mote de violento e inseguro, cuna de todos los males que aquejan a Ramallo. Pero allí viven familias, que tienen la necesidad de contar lo que les pasa. De contar una realidad que nadie quiere escuchar.
Voces necesarias
Laura se acerca a donde estamos nosotros, nos enseña el barrio, sus vecinos. Está enojada: en menos de una semana, otro incendio se llevó un ranchito del lugar. En el anterior una nena de 7 años perdió la vida, ahora otra familia perdió lo poco que tenía. Cansada de promesas y que nadie se haga presente, se desahoga: “lo principal sería que Mumi se preocupe un poco más por la gente que vive en el ranchito, porque ellos corren mayor peligro. Hay muchas familias que tienen un ranchito y que realmente necesitan ayuda porque no pueden hacerse su casa. Basta ya de tanta discriminación, todos nos sentimos discriminados, porque cualquier cosas que pasa siempre al culpa es de ‘los del Barrio Sur´. Desde que entró Mumi nos piden todos los días papeles y fotocopias pero nunca llega nada, debe tener la municipalidad llena de papeles del barrio pero nunca vimos nada acá. Encima la policía viene a hacer allanamientos, entran y te rompen todo. Uno entiende que hacen su trabajo pero que no vengan a hacer maldad, porque ellos entran apuntan a los chicos, nos maltratan y rompen todo y esas cosas nadie las repone, y nos costaron conseguirlas como a cualquier persona”.
Otra vecina alza su voz, y nos cuenta cómo viven el destrato y la violencia. Su nombre es Cristina y no duda en expresar su opinión: “cada vez que hay un problema ellos (el gobierno municipal) vienen a querer taparnos la boca con un colchón y una bolsa de ropa, y no es así porque acá todos tenemos necesidades y cuando uno realmente los necesita nunca están. Cada vez que solicitamos presencia policial parece que nos agarran para la joda y cuando llegan acá nos tratan como si fuéramos animales”.
Luciana fue más allá, denuncia lo podrido de la política: la eterna promesa a cambio del voto. “Ya hablamos con Mumi y estamos cansados. Siempre se acuerdan de este barrio cuando hay que juntar votos. ¿Que están esperando que se muera otro nene? No tienen que pasar un montón de tragedias más. Si Mumi ya conoce cada casa, para qué sacan fotos, para reírse de nosotros en la cara, para tenerlas de recuerdo, para decir: ‘a mirá aquellos son pobres no pueden, son los de la villa sur’. Acá nunca se hizo nada, cuando hay que votar vienen y prometen: ´Si, te vamos a dar esto, lo otro’, y acá seguimos esperando”, cuenta desde la bronca.
El Barrio Sur, a solo 10 cuadras del centro de la ciudad, es la mugre que se esconde bajo la alfombra. Es ese espejo que nadie quiere verse, que nos muestra que las miserias están a la vuelta de la esquina.

