En el trajín diario de las noticias policiales, los accidentes y la política, a veces olvidamos poner el foco en lo más vulnerable y sagrado que tenemos como comunidad: nuestros niños. El maltrato infantil es una realidad que muchas veces ocurre “puertas adentro”, pero cuyas consecuencias se manifiestan en toda la sociedad.
Más que un golpe
Es fundamental entender que el maltrato no se limita a la agresión física. El maltrato también es psicológico y emocional. Los gritos desmedidos, la indiferencia, la falta de cuidados básicos y la exposición a situaciones de violencia familiar son formas de vulnerar los derechos de los niños. Un niño que crece en un entorno de miedo no está aprendiendo a respetarse, está aprendiendo a sobrevivir.
El rol de la comunidad
Como vecinos de Ramallo, no podemos ser espectadores pasivos. Muchas veces, por “no meterse en problemas ajenos”, se dejan pasar señales de alerta. Sin embargo, el bienestar de un niño nunca es un problema ajeno; es una responsabilidad colectiva. Involucrarse no significa juzgar, sino proteger. Una palabra de apoyo, una mirada atenta o una denuncia a tiempo pueden cambiar el destino de una vida que recién comienza.
Hacia una crianza desde el amor
La violencia nunca es una herramienta pedagógica. Nada justifica el dolor de un niño. Debemos apostar por una crianza basada en el diálogo, la paciencia y, sobre todo, el respeto. Cuidar a los chicos hoy es la única garantía de tener adultos sanos y empáticos mañana.
No miremos para otro lado. El maltrato infantil se detiene cuando los adultos nos comprometemos.
