La reciente creciente del río Paraná ha demostrado ser más que un fenómeno natural; es una renovación vital para el ecosistema que lo rodea. Después de una prolongada bajante que dejó su marca como la más extensa en los registros, el Paraná se ha revitalizado, ofreciendo beneficios significativos para la flora y fauna que habitan en sus humedales.
Damián Lescano, naturalista y técnico en el Acuario del río Paraná de Rosario, al medio “La Nación “, destacó dos impactos positivos inmediatos de esta creciente. Primero, el cese de actividades humanas perjudiciales como los incendios, ya que la presencia del agua ha impedido estas prácticas. Segundo, la disminución significativa de la cría de ganado en las zonas de islas, aliviando así la presión sobre el ecosistema.
El agua no solo representa un cese de amenazas, sino también un renacimiento para la vida vegetal y animal. Las poblaciones de peces, particularmente afectadas durante los años de sequía, experimentan ahora una reproducción masiva. Lescano resalta la presencia abundante y diversa de especies, desde juveniles hasta adultos, en diversas áreas del río Paraná.
La creciente no solo beneficia a las especies comerciales como el sábalo, el dorado o el surubí, sino también a las más pequeñas como morenas o mojarritas. El ciclo reproductivo de los peces, influenciado por las condiciones hídricas, se ve favorecido durante los años de creciente en verano. Esto significa que la nueva generación de peces creada durante esta temporada contribuirá a la recuperación y aumento de las poblaciones en los años venideros.
La llegada del agua no solo se traduce en un aumento de la biomasa y la diversidad de los peces, sino también en una explosión de vida en general. Aunque las crecientes presentan desafíos para las actividades humanas, como la evacuación del ganado de las islas, Lescano destaca que aquellos que viven en la región han aprendido a adaptarse a estos ciclos naturales.
En lugar de ver los camalotes, a veces percibidos como un problema, como suciedad, Lescano destaca su importancia como matriz que fomenta el desarrollo de la vida en el ecosistema. Las crías de peces y otros animales encuentran alimento, refugio y oportunidades de prosperar en esta vegetación flotante.
En resumen, la renovación del Paraná no solo es un fenómeno natural cíclico, sino también una lección de adaptación y coexistencia. La necesidad de aprender a convivir con estos ciclos naturales y comprender mejor nuestro entorno se vuelve evidente. La creciente del Paraná es más que un cambio en el nivel del agua; es un renacimiento que resalta la interconexión vital entre el río y su entorno, instándonos a apreciar y respetar la riqueza biológica que comparte nuestro espacio.
Hoy el ecosistema se repone, se pone de pie, florece, crece, se expande, esperando que el hombre, esos pocos hombres, no la vuelvan a pisotear una vez más.
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