El humo puede lastimar los ojos, irritar el aparato respiratorio y, en determinados casos agravar enfermedades cardíacas y pulmonares crónicas.

Los síntomas asociados al humo son: broncoespasmo, bronquitis, persistencia de tos, dolor de garganta, dificultad para respirar, ardor en los ojos, moqueo, irritación de los senos paranasales, dolor de pecho, dolores de cabeza, ataques de asma, cansancio y latidos cardíacos acelerados.

Las recomendaciones a seguir son:

Limitar al máximo posible la exposición al humo.

No fumar.

Si tiene asma u otra enfermedad pulmonar o cardiovascular, seguir las recomendaciones del médico tratante.

Llamar al médico si sus síntomas se agravan.

Evitar las actividades recreativas al aire libre.

Mantenerse hidratado