Luego que prefectura cerrara el acceso a los vehículos a la calle contigua al rio, en el ala derecha del puerto local, por riesgo de derrumbe del sector más impactado por los embates del agua, observamos la parte visible del socavamiento del puerto en la esquina este, como se observa en la fotos -nota anterior- (y en imágenes difundidas por las redes y captadas por Leandro Rouxel). Esto aparentemente es solamente la parte visible del daño que realmente esperan encontrar bajo el puerto, una vez que baje la crecida.
A la ferocidad de la tormenta, se le sumó un barco que no sabemos a ciencia cierta porque permanece amarrado a uno de los muelles del puerto, no aptos para embarcaciones medianas y grandes. Esta embarcación es lo suficientemente fuerte como para dañar el mulle que solo se puede usar para paseo o pesca. El barco golpeo con furia dicha estructura, más el impacto directo de la increíble masa de agua con olas muy grandes, en una enfurecida mañana con vientos de hasta 100 km/hora provenientes del este/noreste (bien de frente al puerto local) terminaron por quebrar el muelle norte, separándolo del resto del puerto por entre 15 y 35 centímetros. Dado que la estructura es de hormigón, aunque vieja y sin mantenimiento, aun resistió y no cayó al agua en esta oportunidad.
Ya no es novedad que las tormentas van mutando a medida que lo hace el cambio en el ambiente global, por lo cual esperar que se repitan tormentas como esta, no será cuestión de azar, sino de certeza científica.
No pudimos averiguar el grado del daño, ni tampoco el motivo exacto de la alarma de Prefectura que hizo clausurar el acceso de vehículos al sector más agredido por el embate del agua, en el puerto de Ramallo. Apenas un comentario informal del “ahuecamiento de la parte inferior del puerto” que lo pondría en riesgo, fue explicado por un agente de Prefectura en el lugar. Por eso se impediría el paso de autos y camionetas.
A pesar de la insistencia, tampoco pudimos averiguar quien tiene competencia en el asunto, a quien le cabe la responsabilidad de cerrarlo y evaluar las posibles fallas estructurales en el apoyo del puerto, y mucho menos (casi un delirio de nuestra parte) pretender averiguar si habrá soluciones o serán las próximas tormentas las que derriben parte del gigante de adoquines.
