Hay que ser muy resentido para condenar a alguien, y prohibirle divertirse. Todos tienen derecho a hacerlo. Al fin y al cabo, la vida solo tiene sentido si se puede disfrutar de las cosas que a uno le hacen bien, si estas no molestan a los demás. Y si alguien puede dar clases de “vivir la vida loca”, además de Ricky Martin, es el maestro de la farra nocturna, Fifa Urquiza, tal como lo ilustra la foto del fin de semana próximo pasado.
El secretario de seguridad tiene tan claro cómo divertirse, como también tiene claro cómo convertir su responsabilidad en un puñado de objetivos destinados a no alcanzarse bajo ninguna circunstancia. Las dos cosas son igual de claras para Urquiza: divertirse a como dé lugar, y no cumplir responsabilidades a rajatablas. Esto lo convierte en uno de los funcionarios más coherentes, su vida y su incumplimiento en la función pública, no cambian a través del tiempo. Es, fue y será, siempre igual.
El cuadro se puede pintar completo fin de semana tras fin de semana: los menores en lugares de diversión nocturna a cualquier hora, tengan 11 o 16; mayores y menores consumen alcohol por igual, sea en lugares públicos comerciales o en la vía pública directamente. Peor aún, tanto mayores como menores conducen motos o autos por igual, alcoholizados. Esto, sucede mientras “el capo” máximo en la función de cuidar estas pequeñeces, se divierte bailando con los mismos jóvenes 40 años menores que Él, a quienes debe procurar cuidados, controles y seguridad. El promedio de edad donde Urquiza se divierte, concentra jóvenes de 17 a 20 años.
Esta lamentable sintonía entre comunidad y autoridades, es la muestra más grosera de las contradicciones de lo que somos y lo que queremos ser, entre lo que demandamos y lo que permitimos hacer. Esto no es un problema de Urquiza. Es un problema serio de toda la sociedad. Una contradicción que no inmuta ni a asociaciones civiles, mucho menos a funcionarios, concejales o al propio gobierno municipal, quien se ha cansado de pasar por alto los descalabros de la vida social nocturna y publica de Urquiza, ratificándolo con su silencio, en el cargo de secretario de seguridad.
Lo peor del caso es que tampoco esto es algo que importe realmente a los padres de los mismos jóvenes en cuestión, hasta que suceden tragedias.
HIPÓTESIS:
Al contemplar la foto, esta sugiere una reacción hasta risueña. Alguno podría decir sin milicia “Fifa es un maestro”. Pero la perspectiva puede cambiar radicalmente. Si el mismo fin de semana pasado, mientras se tomaba esta foto, se hubiera registrado la colisión de dos autos con jóvenes al volante, con uno de ellos alcoholizado y la situación hubiera terminado en desgracia, el impacto de la foto de Urquiza ya no sería el mismo que la que percibimos hoy.
Una buena tarea para el hogar seria preguntase quien será el primero que acusará a la juventud de “perdida”; y sobre todo preguntarse ¿quién o quiénes son los que están más perdidos realmente?
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