Después de un año de actividad periodística de nuestra redacción, revisando si los concejales de Ramallo asisten o no a sesiones y reuniones de comisión, bajaron casi a cero el índice de inasistencias a las sesiones ordinarias. Claro que esto no garantiza que hagan su trabajo, o algún trabajo, o que parezca que trabajan.
Si bien la mayoría de los concejales realizan sus labores, en mayor o menor medida, comprometidos en diferentes iniciativas y en diferentes comisiones donde se tratan las distintas problemáticas, aun se destacan inmutables algunos ediles que, de conocer el significado del término «vergüenza», ya deberían haber renunciado.
Acostumbrados a años de prensa hecha por amigos, prensa pagada o prensa de gacetillas, no había ocurrido que les compliquen la vida con observaciones periodísticas o preguntas incomodas, y por eso hemos cosechado enojos por este tipo de notas, incluso enojos corporativos. Algunos ediles, sin ser el blanco de nuestra critica, se han ofuscado por las notas donde cuestionamos la inasistencia o falta de trabajo de algunos concejales o secretarios, desconociendo que su condición de empleado público elegido por el pueblo, puede y debe ser observado por la gente. Pero no hemos obtenido ni quejas, ni desmentidas, ni aclaraciones, ni pedidos de réplicas, ni hemos visto cambios de actitud de los que señalamos como faltos de responsabilidad en su condición de concejales. Los verdaderos irresponsables, mantienen un silencio que asombra, y una capacidad importante para ignorar las críticas con fundamento, sin que se les mueva un pelo.
A pesar de la nota que publicamos en el primer semestre del 2014 contando la vida laboral de la edil oficialista Bárbara Junco, no solo no se enojó, sino que ignoró por completo las críticas, como si estas no fueran el reflejo de la observación de la sociedad, de los vecinos que le pagan el sueldo de 23.000 pesos por mes. Nada pudo hacer que esta concejal (como otros) presente un solo proyecto útil. Esta actitud, es la personificación de la caraduréz. ¿Cómo hay que hacer para que un concejal que no hace nada, se ponga a trabajar?, ¿en qué idioma hay que hablarle a esta gente y a sus compañeros de bloque? Señores, no hacer nada y cobrar como concejal, equivale a un robo. Y aunque moleste a familiares, amigos, o colegas ediles, esta es la definición de ñoqui, de alguien que debe renunciar por ineptitud o inutilidad.
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