Necesitamos ver un poquito más allá de nuestro ombligo. Más allá de nuestras necesidades, carencias y desgracias. Más allá de nuestra rutina diaria, de nuestra cotidianidad y de nuestro lugar.
Esto pienso cada vez que me ahogo en un vaso de agua. Porque es eso, un simple vaso de agua. Cuando miré fuera del vaso, vi que había gente sumergida en una profundidad mayor. Gente que realmente tiene una vida difícil y que este mundo cada vez más egoísta, intenta ponerme una venda y solo me hace ver lo mío, haciéndome creer que tengo la potestad de juzgar al que me necesita.
Si, hablo de aquellos a los que acusamos de irresponsables, negligentes, choriplaneros, vividores y tantas otras cosas. No se trata de colores políticos, religiosos o algo parecidos. Se trata de que entendamos que todos somos personas, que todos tomamos decisiones cada día y que la sociedad dice que si vos tomaste las correctas sos digno de aplaudir, pero si te equivocaste te mereces lo que estás viviendo y todos pueden juzgarte y criticarte. No señores! Cortemos con esta idea falaz.
A diario, leo y recibo mensajes de personas que necesitan algo. Si necesitan algo, como vos y yo en algún momento. Un consejo, una palabra de aliento, un paquete de arroz, un abrigo o una simple respuesta de alguien que te quiera escuchar, un hombro donde llorar.
Estamos todos llorando cuando acontece un suicidio adolescente, pero cuando tuvimos que dejar de lado nuestras cosas para escuchar a ese pibe o piba que nos pidió ayuda, “estábamos ocupados”. No nos tomamos el último mate con mamá o papá, pero nos lloramos la vida en el velorio. Vamos a marchar exigiendo justicia (que no está mal) y cuando estamos solos y tenemos que ser justos y honestos, no lo somos. Acusamos al chorro, al mismo tiempo que sacamos ventaja de algo, porque nadie nos veía. La hipocresía nos gobierna y no nos damos cuenta. La integridad se fue extinguiendo y pocos la intentamos conservar.
Nos creemos jueces de la vida, pero no vemos más allá de nosotros, de lo que nos falta, nos gusta o se nos antoja. No vemos que aquel que está muerto de hambre, pasa frío y tiene cinco hijos, también es persona, también desea y también sueña. Solo que nos parece que “no merece un teléfono, no merece un televisor o unas lindas zapatillas, no merece tener nada porque es un planero, un vividor, un pobre ”, cuando en realidad la mayoría de las veces es alguien que no tuvo las mismas posibilidades que tal vez vos y yo si tuvimos.
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