En una madrugada agitada, once presos se escaparon de la seccional N°5 de Rosario, ubicada en Italia y Riobamba. La fuga se descubrió de manera insólita cuando uno de los reclusos se entregó acompañado por su madre. El escape fue facilitado tras romper las rejas del techo del patio de la comisaría.
El jefe de la Policía de Rosario, Daniel Acosta, confirmó la situación y detalló que se encontraron barrotes cortados en el techo. La policía está en plena búsqueda de los evadidos, utilizando unidades de calle para su recaptura.
Este incidente resalta una problemática crítica: la superpoblación carcelaria. En Santa Fe, hay aproximadamente 9087 internos en los penales y otros 1500 en comisarías. El gobierno provincial está trabajando en ampliar la capacidad del Complejo Penitenciario Rosario, con una obra que añadirá cuatro pabellones para 320 reclusos, y que se espera esté terminada en menos de un año.
No es la primera vez que ocurre una fuga en esta seccional. En 2017, diez internos se escaparon de manera similar, limando los barrotes de las rejas del patio. La comisaría no solo sufre por las fugas recurrentes, sino también por el abandono, evidenciado por una decena de autos incautados cubiertos de hojas estacionados en la cuadra.
Este no es un caso aislado en Rosario. En diciembre pasado, 25 presos se escaparon de la comisaría 21°, en la zona sur de la ciudad, rompiendo una puerta trasera y fugándose por el techo. Entre los prófugos se encontraba Nahuel José Meza, imputado por un asesinato durante un asalto.
La comisaría donde ocurrió la fuga tiene capacidad para 16 presos, pero en el momento del escape albergaba a 48 personas. Esta situación ha llevado al gobierno de Maximiliano Pullaro a implementar un plan para trasladar a los detenidos de las comisarías, con el argumento de que “los policías deben estar en la calle y no cuidando presos”.
