Cada 14 de julio, en Argentina se conmemora el “Día del Misionero”, una jornada dedicada a reconocer la labor de hombres y mujeres que dedican su vida a difundir el Evangelio y acompañar a comunidades en distintos rincones del país y del mundo. La fecha rinde homenaje a San Francisco Solano, figura emblemática de la evangelización en América Latina.
Nacido en España en 1549 y fallecido en Lima, Perú, el 14 de julio de 1610, San Francisco Solano fue un sacerdote franciscano cuya vida estuvo marcada por la entrega a los más humildes, la defensa de los pueblos originarios y una fe inquebrantable. Fue canonizado en 1726 por el Papa Benedicto XIII, y es conocido como “el taumaturgo del Nuevo Mun por los numerosos milagros y hechos extraordinarios que se le atribuyen.
Uno de los relatos más difundidos cuenta que, al momento de su muerte, las campanas del convento de Loreto en Sevilla (donde había estudiado Filosofía y Teología) sonaron sin intervención humana, como si el eco de su paso por la tierra hubiera querido dejar una última señal.
En esta fecha, se recuerda no sólo a San Francisco Solano, sino también a los cientos de misioneros que, con su testimonio, siguen sembrando esperanza, fe y solidaridad en lugares donde muchas veces la presencia del Estado o la asistencia básica escasea.
El Día del Misionero es una invitación a valorar el compromiso silencioso pero transformador de quienes dedican su vida al servicio espiritual, educativo y humano de los demás.
