Opinión por Alvaro Cervella.
No suelo usar este medio para publicar cuestiones personales, pero el caso amerita el uso. La noche del jueves 4 de enero me dirigía con mi familia y un amigo a cenar a un resto de la ciudad de Ramallo, y lo que debía ser un “control de tránsito”, término siendo una intimidación y amedrentamiento por parte de las fuerzas de seguridad de Ramallo.
En la esquina de Av. Savio y San Francisco Javier se estaba realizando un control vehicular. Eran las 22 horas y la calle estaba tranquila. Un oficial de la Policía Local me indica que me detenga, lo cual accedo como cada vez que me han parado. Bajo la ventanilla, me piden la documentación del vehículo, seguro y carnet de conducir. Como es habitual que se realicen los controles, ya los tengo preparado en la guantera para evitar perder tiempo.
Le entrego la documentación a este oficial, cuando se acerca otro policial local y comienza a pedirnos los DNI de todos los ocupantes del auto. Le informo que nos dirigíamos a comer a escasos 20 metros del control que estaban realizando, y que mis acompañantes no lo tenían. Insiste con el pedido, e incluso pide que nos bajemos del auto, a lo que me negué. Le entregue mi documento, e insistí que el resto de los ocupantes no lo traían con ellos. Estábamos dentro del vehículo mi mujer, mi hijo de 4 años y un amigo. Prepotentemente nos piden los datos a cada uno, lo anotan en una planilla y le solicito mi documentación para seguir viaje.
Me niegan la devolución. Sorprendido e incómodo comienzo a preguntar el motivo de la pesquisa y él porque del operativo. En 33 años de vida nunca me habían pedidos documentos en la vía publica, menos viajando en auto.
El oficial que interactuaba con nosotros dice que el operativo era de Provincia, que debían chequear la identidad de las ocupantes y el vehículo con la base de datos del 911. A todo esto ya habían pasado más de 15 minutos.
La incertidumbre crecía y los nervios se apoderaban de nosotros. No era normal el procedimiento: me habían secuestrado la documentación, no nos explicaban él porque del operativo y no nos decían quien estaba a cargo, mientras el tiempo pasaba.
Ante la insistencia, y mi presentación como periodista local, se acercó el responsable del operativo. Se presentó como el “Oficial Montivero”, perteneciente a la Policía Bonaerense y miembro de la Comisaria Primera de Ramallo a cargo del Comisario Juan Cruz Acevedo. Este oficial portaba un arma larga, la cual tomaba con sus manos en posición de alerta y lista para usar. Esto resulto intimidante, angustiando aún más a mi familia y preocupándome por la escena.
40 minutos estuve demorad a causa de que, lo que era un simple control vehicular, mutara en una averiguación de antecedentes y corroboración de identidad.
La actitud provocadora e intimidante del “Oficial Montivero”, portando un arma larga, a vista de mi hijo de 4 años, secuestrándome la documentación e impidiéndome la circulación, es una muestra del abuso policial que últimamente es frecuente en Ramallo. Algo que no queremos vivir, y mucho menos, acostumbrarnos.
Celebro que se realicen controles vehiculares, que la policía patrulle y custodie las calles, pero de ninguna manera avalo la provocación y el abuso de autoridad por parte de cualquier efectivo de seguridad, que prepotentemente actuó ante mi presencia y la de mi familia.
Lo que resultaría una simple cena familiar, se convirtió en un calvario ante la tozudez de cinco policías locales y dos de la bonaerense que no saben hacer su trabajo de prevención. Y lejos están estos procedimientos de llevar calma y seguridad a los vecinos, están engendrando una imagen de violencia institucional, de abuso policial que no estamos dispuestos a tolerar.
Alvaro Cervella
DNI 31.113.020

