SOCIEDAD
El mundo despidió este sábado al papa Francisco en un multitudinario funeral que reunió a más de 200.000 personas en el Vaticano. Tras una emotiva ceremonia que inició en la plaza de San Pedro, el primer pontífice argentino de la historia fue enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. La jornada estuvo marcada por una profunda emoción colectiva, en la que fieles y peregrinos de todas partes del mundo pasaron la noche en vela para rendirle homenaje.
La despedida de Francisco se produce apenas días después de que oficiara su última misa de Pascua, donde, con visibles muestras de fragilidad, se acercó a saludar a los fieles congregados. Su legado, centrado en acercar la Iglesia a los marginados, a los refugiados y a quienes más sufren, quedó patente en la masiva participación popular. “Su misión fue llevar la Iglesia a la calle”, recordaron muchos de los asistentes, reflejando el profundo impacto que su pontificado tuvo tanto dentro como fuera del ámbito religioso.
La procesión hacia Santa María la Mayor estuvo cargada de gestos de afecto y devoción. Voluntarios, como un joven peregrino que confesó haber estado despierto desde las 3:30 de la madrugada, ayudaron a ubicar a los miles de fieles que colmaron el lugar. Francisco, quien siempre pidió “una Iglesia pobre para los pobres”, fue despedido por un pueblo que, en su dolor y gratitud, reafirmó que su memoria y su mensaje seguirán vivos más allá de su partida.
El Gobierno nacional estableció nuevas reglas para limitar los pagos que reciben los presos que no realizan trabajos productivos dentro de las cárceles. A través de la Resolución 429/2025, publicada este viernes en el Boletín Oficial, el Ministerio de Seguridad, liderado por Patricia Bullrich, busca evitar que estas remuneraciones se utilicen de forma asistencial y reforzar su verdadero objetivo: la reinserción social a través del trabajo.
Según datos del Servicio Penitenciario Federal, de los más de 11 mil internos que había a fines de 2024, solo una parte realizaba actividades productivas vinculadas con la reinserción, mientras que muchos cobraban por tareas menores o directamente sin cumplir funciones reales. Con la nueva medida, solo un 5% de los presos podrá recibir incentivos por tareas no productivas, siempre que trabajen al menos ocho horas diarias y se verifique su desempeño.
Además, los pagos ya no estarán atados al salario mínimo, y el Servicio Penitenciario tendrá la obligación de controlar y reportar mensualmente las tareas realizadas. Si no se cumplen los requisitos, los pagos serán suspendidos. De todas formas, sigue vigente la norma que obliga a todos los internos a colaborar con tareas de higiene y mantenimiento en los establecimientos penitenciarios.


