Si esto es “solo un partido” y nada más, y de hecho lo es, ¿porque me duele? ¿Porque no me pude concentrar en el partido siguiente?, ¿porque no me puedo sacar esta tristeza de adentro?, si es “un partido” y nada más…
Me llegó por WhatsApp un audio de una imitación de periodista, bocón como pocos, donde vociferaba “que se caga en el partido, en el mundial y el en piano de la casa rosada, y que le chupa un huevo todos los que queremos sentir esa alegría”. No dejo de pensar que es un poco como dice, pero me invade una sensación de abatimiento y frustración que no puedo despegarme de encima. Mi hijita, la que me hace reír cada día con sus inocentes dos años, hoy no logra sacarme un gesto que se parezca a una sonrisa. Mi mujer va y viene como cualquier sábado y nada ha cambiado para ella. Pero lo que siento es real. Me está pasando. Sé que no voy a terminar en una pena de la que no me recuperare, pero necesito hacer un pequeño duelo. ¿Por qué, “solo por un partido”?. El grupo de WhatsApp de amigos y compañeros de pronto se silenció por completo. A horas de quedarnos afuera, aun nadie dice ni mu. Y los conozco, todos se sienten como yo, derrotados.
Entre nosotros, todo es silencio, salvo la obligatoria necesidad de hablar y hablar de los periodistas de tv, que necesitan llenar horas sin decir nada nuevo, y que solo sirve para distraernos de la amargura y silencio que nos invade.
Y vuelvo con lo mismo, me pregunto si será “solo un partido” y nada más. Entonces, porqué solo un partido nos deja así, a la mayoría de los argentinos, sobre todo a los varones, incluso a los que no siguen el futbol frecuentemente. Hay explicación, y bien adentro, todos la conocemos, aunque cuesta admitirla.
La decepción me atraviesa y habiendo tantos problemas, solo me aplasta el pronto final de este campeonato, que racionalmente, debo decir que llego más lejos de lo que mereció. Pero necesitábamos más, una alegría más. Un partido más. Y ahí está. No es solo un partido más.
No es solo un partido, ni tampoco el opio del pueblo, boludez como pocas he escuchado en mi vida. Y no estoy “dormido”, como el jueves o ayer, sé que el lunes me volverán a sumergir en noticias de mierda, como las de todos los días, pero justo por eso, tal vez quería una alegría más.
Necesito en el alma sentir ese himno que solo veo cuando juega la selección. Necesito una emoción como la de escuchar el himno coreado en la cancha, el único himno del mundo que se canta con tanta pasión. El único que incluso se corea, porque el amor a esos dos colores, hace que las palabras del himno sobren y solo alcances los gritos reprimidos en los miles de argentinos que me llenan el alma con su coro fuera de tiempo pero uniforme.
¿Es “solo un partido”?… tal vez. Pero es en el único momento y lugar donde veo argentinos unidos y donde cada uno se siente igual, identificado, como que hay algo más fuerte que nos une, incluso a los argentinos que están afuera de la argentina hace años, y les pasa lo mismo.
¿Opio?… o tal vez desahogo. No es ganar un partido, es seguir para jugar un partido más, y para volver a sentir “eso” que se me cruza en la garganta cuando veo a esos once tipos representándonos en una cancha, sabiendo que son los únicos que cuentan con el apoyo de todos los argentinos, incluso de los que son mis enemigos.
Repito, un partido más me da la fugaz emoción de ver que no hay nada más importante, cuando la selección ingresa al estadio. Ahí se terminan las diferencias, las grietas, los imbéciles, los mentirosos, los ladrones, los que me arruinaran la vida mañana como lo hicieron ayer, el mes pasado, el año pasado y hace una década. En ese momento se detiene el mundo solo para ser argentinos por un ratito y tener la esperanza de abrazarnos, de gritar fuerte un gol, de festejar un triunfo sin pensar en cómo es, que hace o que ideología tiene el que grita, sufre o se emociona conmigo y con tantos otros, a pesar de las distancias, de las distancias físicas, y de las otras.
¿Está mal solo por un ratito sentirme argentino?, ¿eso es una droga?, ¿es el opio de los argentinos como dijo el bocón? Absolutamente no. Todos somos conscientes que el lunes no nos alcanzara el dinero para el súper o la luz, mientras todos los que gobernaron el país en los últimos 50 años, viven con jubilaciones de medio millón de pesos. Pero frente a eso, ¿es tan malo querer disfrutar un ratito más?, ¿o hay alguien que cree que si la selección no jugara y nos privaran de esos pequeños momentos de gran alegría, el país estaría mejor?. Es un pensamiento miserable que solo le sirve para putear al gobierno después de juzgar y degradar primero a los demás argentinos, deporte nacional por excelencia, tratándonos de “dormidos por el opio”. Pero ojo, el bocón también vio el partido, no tengan duda.
Todos sentimos eso de amor y odio con “el mejor”, de estar orgulloso porque sea nuestro, mezclado con la bronca de no ganar. Eso de tener a los mejores y desperdiciarlos, valla a saber si por impericia o mezquindades. Eso de tener el banco más caro del planeta, como para atropellar a cualquier selección, y salir frustrados porque no podemos, porque nos mareamos, nos perdemos en la cancha, elegimos mal, nos arrepentimos tarde, nos alegramos muy rápido, ponemos expectativas en otros, cuando en realidad estamos jugando mal y venimos cargados de frustraciones. Y ahora, ya no sé si hablo de un partido o de la argentina. Donde las diferencias se ven desde júpiter. Y parecemos no estar dispuestos a encontrar el camino que nos lleve a la copa, o a un país mejor.
Tal vez alguien me pueda explicar porque no podemos tener más alegrías colectivas, para que “un simple partido”, sea solo eso, y no una necesidad imperiosa, para sentir una alegría como argentino, que no encuentro en la calle, en la tele, ni en un acto escolar. Cuando era pibe, en los días patrios me enseñaban a amar a este suelo y a la bandera, y hoy son días turísticos o de descanso, y hoy los actos patrios, no se hacen, se hacen un día antes o tres después, no importa.
Nos falta tanto para ser un país racional y serio, sin fanáticos, sin mentirosos y sin ladrones de los gordos, que la única oportunidad que tengo para sentirme argentino en forma colectiva y sin diferencias, sin recordar al que me gobernó antes y al que me gobierna ahora, es ese himno nacional que reconforta un rinconcito que aun guardo en mi corazón. El único rinconcito que aún nos queda a todos, donde ser argentinos, no da vergüenza.
Y el partido… el partido de la selección, es la única forma de conseguir una alegría colectiva. Definitivamente, no es “solo un partido”, ni es droga. Es el oasis en medio de un puto desierto que es vivir en este país. Y ese oasis, no es poca cosa.

