La hipocresía de algunos países potencias en reconocer a Nelson Mandela y su ejemplar lucha para terminar contra el racismo, cuando en ese momento era su gran enemigo, es proporcional a la de unos cuantos que desearon para Argentina aplicar el modelo sudrafricano de perdón sin justicia, como expresara Horacio Verbitsky cuando expuso en el Palazzo della Ragione de Padua sobre ‘La Argentina y su tragedia’: “Quienes prefieren el modelo sudafricano, en el que se planteó el canje de información por impunidad, sostienen que al abrirse la puerta de la persecución penal, se cierra la de la información sobre los crímenes cometidos.
La locuacidad de Videla lo relativiza. No habló al comenzar el proceso, pero lo hizo al concluir, ya condenado a prisión perpetua. En un viaje a Sudáfrica donde me reuní con familiares de detenidos-desaparecidos y con organismos defensores de los derechos humanos, encontré una queja generalizada: es insoportable escuchar en los tribunales el relato minucioso de las torturas sufridas hasta morir por los seres más queridos y después ver cómo los criminales permanecen en libertad. La transición desde el régimen del apartheid a una democracia de un hombre un voto fue exitosa. Pero de poco le sirve a quien ha perdido un hijo, conocer qué dedo le cortaron primero si el que lo deshizo en pedazos termina el relato y se va impune a su casa. Además en Sudáfrica no se alteraron las bases económicas de la dominación y las mayorías no han visto reivindicados sus derechos económico sociales”.
Fernando latrille. Periodista. Fuente: Publicion en Facebook.
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