La comunidad de Ramallo le pedía un cambio al gobierno de Poletti, en la gestión y en su gabinete. Después de un año difícil, donde luego de una derrota electoral que complico los ejes de gobierno, que proponía una administración austera pero inclusiva, terminó en un Concejo Deliberante en manos de una oposición más acida que crítica. Los últimos meses de gestión demostraron un titubeo.
La discusión sobre el pase a planta de los trabajadores temporarios a planta, desnudo los enemigos de Poletti. En medio de un escenario difícil, donde el estado Nacional y provincial, con Macri y Vidal a la cabeza, desmantelan el estado dejando miles de trabajadores en la calle, a nivel local se jugaba por la estabilidad de los empleados.
Es cierto, la falta de recursos económicos desencadeno en el cese de 200 cooperativistas y una gestión que no garantizaba los servicios mínimos, generando un amplio malestar en el seno de la sociedad: el trato con el empleado municipal, la falta de atención al vecino y las tensiones políticas fueron el resultado.
Los cambios llegaron por otro lado
Las elecciones de octubre fue la confirmación de que los vecinos de Ramallo necesitaban un cambio, pero dentro del gobierno. La gestión de Poletti tuvo muchos hechos relevantes, pero la balanza la determino la falta de soluciones en limpieza, bacheo y trato con el vecino. El cuestionamiento a funcionarios que integran el gabinete, o áreas claves, no se oyó con claridad.
Dentro del gobierno insisten con la idea de que “las elecciones se perdieron porque Cambiemos gano en toda la provincia”, pero no hace autocrítica de su gestión. La falta de capacidad para oír lo que pedía el vecino, hizo crear una ficción de lo que pedía la calle.
El vecino, cuando pudo hablar, le dio la espalda. Voto por una oposición que prefirió alimentar el malestar social que construir para abordar los problemas. Incluso el malestar llego al seno del oficialismo, las internas latentes comenzaron a aflorar y los pases de facturas son comunes.
Poletti decidió no echar nadie de su gabinete, de dieron cambios internos que generaron más rencores. La falta de profesionalismo e iniciativa a algunos funcionarios fue el blanco perfecto para algunos dirigentes sindicales.
La secretaria general del SOEM, Marta Oliveros, en declaraciones radiales, se despachó contra la gestión. Dijo que “la cadena de mando de este gobierno es mediocre, los funcionarios son mediocres”, desafiando a los referentes del gabinete. Llamativamente hubo un silencio oficial: ningún funcionario salió a defender la gestión.
Todos adentro
Mientras Mauricio Macri y María Eugenia Vidal se empachan despidiendo gente y tensando el humor social, Ramallo genera discusiones a contramano. El oficialismo sostiene la idea de pasar a planta a los trabajadores temporarios, así fue aprobado por el HDC y acompañado por los gremios.
La oposición salió a querer contrarrestar el efecto y quiso poner palos en la rueda. No lo logro, semejante noticia ponía al oficialismo tomando iniciativa. Igualmente la discusión se envicio.
El termómetro del empleado
El trato al empleado fue el detonante para generar otro malestar. Los traslados, las excentricidades de algunos secretarios y el maltrato directo fue lo que se denunció desde los mismos trabajadores. Otra vez el gabinete de Poletti en la mira.
El empleado municipal, y su familia, es un termómetro que el oficialismo no mide. El municipal, antes que militante o apolítico, es trabajador. Si trabaja a desgano, la atención se resiente. Si se reducen los servicios, el vecino se enoja. Y los costos los paga la política.
Es un año complejo que el que se viene. Poletti deberá enderezar el rumbo de la gestión y apaciguar las pálidas que lleguen desde provincia y nación. ¿Tendrá el acompañamiento que necesita?

