fiestas
El fin de semana largo fue un tormento para los turistas que llegaron en gran cantidad a Ramallo. Tanto el sábado como el domingo, la playa fue el escenario de fiestas multitudinarias, donde la música fuerte y los excesos fueron el desencadenante de enojos generalizados.
Los concesionarios de campings y cabañas expresaron su enojo en las redes sociales, responsabilizando al municipio por la falta de controles y las molestias que ocasionaron estas fiestas al rubro de alojamiento.
“Siendo casi las 9 de la mañana, sigo tratando de explicar lo inexplicable, con madres hasta llorando por no haber podido dormir ellas ni sus hijos. Alguien me puede explicar de dónde sacamos argumentos para esta gente, que viene a pasarla bien, a descansar. Ya tengo gente que me está pidiendo devolución de su dinero y se retiran. Muchas gracias, señor intendente, señor secretario de desarrollo local, señor secretario de turismo. Años de inversión, de rompernos el traste, de atender al turista y al vecino, al socio, lo mejor que podemos. Todo en un rato, tirado al capacho”, expresó Walter Cortagerena, del camping del Club Paraná.
El enojo también se trasladó a los vecinos, quienes inundaron las redes de muestra de bronca y resignación.
Según los prestadores del servicio de alojamiento, varios turistas decidieron abandonar sus estadías por la reiteración de inconvenientes generados por los ruidos molestos.
Lamentablemente es una cara negativa de la imagen que intenta mostrar Ramallo: buscando un turismo familiar, para descansar y disfrutar de la costa del río, opacado por el ruido, la falta de controles y respeto. Este fin de semana de carnaval, las cabañas y campings se vieron desbordados de familias que eligieron Ramallo, muchas se fueron pensando en no volver.
La cobardía de los funcionarios para enfrentar el exceso de alcohol
Veo horrorizada que han vuelto las fiestas organizadas por Playa blanca, pero a diferencia de las últimas grandes fiestas que se habían dado, donde habíamos logrado convencer a las autoridades para que pusieran campamentos de salud dependientes del hospital y minaran de policías todas las arterias de la ciudad con los controles correspondientes, esto no sucedió este verano. Y los responsables no son los empresarios. Hay funcionarios que cobran para poner esto en orden. Ni se quiénes son los nuevos funcionarios a cargo, pero estoy segura de algo: NO ESTÁN A CARGO.
En los últimos casos los controles fueron pocos e inadecuados. No hubo planificación para el ingreso y egreso ordenado de autos por determinadas calles, cuando en otras oportunidades hasta habían publicado los planos para circulación de vehículos con varios días de anticipación. esta función que cumplía en forma coordinada la policía con la secretaría de seguridad y algo que llamaban comité de seguridad integrado por otras fuerzas, brilló por su ausencia, y no porque este gobierno no conozca de qué se tratan las fiestas masivas sino simplemente por negligencia. Vuelven a apostar a que no pase nada, hasta que pasa. En la última fiesta el accidente entre una moto y un auto no trajo consecuencias gravísimas, pero es una advertencia que no puede dejarse pasar por alto.
Lo que más me horroriza de este y todos los anteriores gobiernos es la falta de coraje que muestran, la irresponsabilidad absoluta por los controles de alcoholemia. Miran como suceden eventos que dejan regaderos de adolescentes borrachos en las calles y no se inmutan. En eso no hay diferencias ideológicas, todos temen o no saben cómo enfrentar el problema.
Lamento escribir esto pero el gobierno anterior por lo menos había logrado realizar controles de alcoholemia después de los boliches bailables, y el resultado había sido positivo ya que no hubo muertos por esta causa en los últimos cuatro años, a diferencia de los anteriores donde los muertos por alcohol terminaban en el nombre de algún sector público, como si ese homenaje a las víctimas limpiará la irresponsabilidad de los intendentes y secretarios de seguridad locales.
Pero cuidado, ahora están los equipos para hacer los controles de alcoholemia y al igual que en el gobierno anterior, en los casos de Playa blanca, no se usan. Sólo un simple control esporádico a las 10 de la noche, cuando sabemos que el problema Está después de las 4 de la mañana cuando el 99% de los jóvenes que asisten a esa fiesta deberían estar inhabilitados para conducir vehículos. Ahora viene la fiesta de la barkasa y todo seguirá igual. No entiendo por qué ante el permiso para los negocios de los particulares, no se dan cuenta que deben implicarse en las consecuencias a la salida de los mismo. ¿Un particular es más importante que la vida de los jóvenes? Y si los jóvenes valen algo ¿por qué no hacen nada?
Y digo bien jóvenes, adolescentes, porque cualquiera que pague la entrada salvo que no tenga la suerte de medir un metro la altura, ingresa a cualquier fiesta en la arena o en la periferia de Villa Ramallo, como cualquier adulto, y le venden sin límite alguno lo que sea.
Entiendo la atracción turística que esto significa cuando se hace en la playa, como también la inversión y el derecho del privado a proponer y realizar cualquier tipo de fiesta que le sea autorizada, pero bajo ningún punto de vista puedo tolerar que los gobiernos locales sigan siendo tan irresponsables a la hora de mirar para otro lado, o incluso ir a disfrutar de la misma, sin medir las consecuencias. Y esto sin entrar en la discusión de cuánta droga corre de joven en joven, y lo fácil que es adquirirla dentro y fuera.
Hemos tenido suerte hasta ahora porque no pasa nada, y siempre es necesario un muerto para que alguien tome cartas en el asunto. Como mamá de un adolescente que asiste a esas fiestas, espero mucho más del estado, que el mero cobro de impuestos, si es que lo hacen. En adelante el secretario de turismo, el secretario de seguridad, la policía, la guardia urbana y el intendente, por lo menos, serán los Cómplices directos cuando tengamos que lamentar una víctima a causa del alcohol en exceso, o peor, el alcohol desmedido con jóvenes al volante.
Opinión de Vanina-Carta de lectores- Ramallo informa.
